Gente estresada

ESAS ODIOSAS FRASECITAS….

«No me da la vida», «en cuanto vuelva tomamos un café», «ahora estoy a tope pero necesito hablar contigo…..» Esas odiosas frasecitas que tantas veces oímos y también usamos. Están a la orden del día, pero no somos conscientes de los problemas que esconden. El principal: la credibilidad y su consecuencia: el daño a la reputación.

Cuántas veces prometemos, aseguramos o proponemos a alguien hacer algo que, por las razones que sean, no acabamos haciendo. No le damos importancia, pero la tiene; y la tiene porque normalmente adornamos esos propósitos con frases que, de tanto usarlas, no sólo acaban resultando odiosas, sino que suponen un perjuicio más que notable a nuestra credibilidad.

En comunicación, el no ofrecer credibilidad afecta a la reputación y una mala reputación, no hace falta decir cómo repercute en los negocios.

 

Vamos con algunas de esas odiosas frasecitas

 

«No me da la vida»

Hoy en día está en el «number one», es el trending topic, un imprescindible en cualquier conversación entre dos adultos. Parece que en el Campeonato del Mundo de los Estresados, si no la pronunciamos es que nuestra vida no es lo suficientemente caótica como para estar a la moda.

Es MENTIRA. Todos tenemos miles de millones de cosas que hacer; y decir a alguien que no te da la vida es como decirle: » tu eres el mil millones más uno».  Esa frase revela dos cosas: falta de organización y dificultades para priorizar.

La vida da para muchas cosas, se trata de tomar decisiones y gestionar y si creemos que no vamos a poder con ello es mejor decirlo y buscar ayuda, lo demás son excusas.

«Ahora estoy a tope, pero en un par de días te llamo y te cuento»

Y ¿qué pasa si no lo hacemos? ¿Pensamos en quien está esperando esa llamada? ¿Cuánto se tarda en hacer una llamada? ¿Si lo que tenemos que contar es relevante, es tan difícil sustituir esa llamada por una cita? aunque sea para dentro de dos semanas….. ¿Porqué dos días? ¿Es que el Oráculo ha dicho que en ese periodo va a cambiar el mundo?

Creo que la batería de preguntas (seguro que a todos se nos ocurren muchas más) representa por si sola lo arriesgado para la credibilidad de esta frase. Evitémosla, no prometamos llamadas, ni mensajes, existen medios más que suficientes para comunicarnos con otras personas, sin dejar de estar «a tope».

«En cuanto vuelva quedamos y tomamos un café»

Es la típica frase odiosa con la que: entre que no hemos dicho cuándo volveremos y que a la vuelta seguro que estaremos a tope y no nos dará la vida; la otra persona va lista si aplaza su vicio por el café hasta que se produzca esa cita, mejor será que le guste el té.

Seamos realistas, o tenemos una agenda perfectamente planificada y somos tan germánicos que la seguimos a rajatabla o los propósitos que se dilatan en un plazo de tiempo intermedio – pongamos una semana – o bien no se llevan a cabo o bien se acaban realizando bajo presión, por una especie de obligación moral que se impone a la frescura y al interés que podría haber tenido hacerlo al momento.

«Voy a decir que se pongan en contacto contigo»

Llegamos al juego del «teléfono escacharrado». Empiezo con una sugerencia: cuando oigamos esa frase, pongamos el crono en marcha. Una cuenta atrás de 24 horas, si en ese plazo nadie se ha puesto en contacto con nosotros a otra cosa mariposa. Esa llamada NUNCA llegará.

Nos enfrentamos a la frase perversa por excelencia porque con ella, no sólo nos quitamos el marrón de encima, sino que tenemos a otro para echar la culpa de que no se haya producido ese contacto. Es genial, ¡siempre quedaremos bien!!

Hagamos un esfuerzo. No, mejor dicho: una inversión. Invirtamos en nuestra marca personal evitando frases como estas. Entiendo y asumo que están en la calle, que son de uso generalizado, pero si pensamos en términos de credibilidad y reputación, esa inversión es de lo más rentable.

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