Ética empresarial y humanidad personal

Ética empresarial y humanidad personal. ¿Es posible una convivencia sana entre el frenético desarrollo tecnológico y los valores que deben hacer de una empresa un espacio de convivencia humana?. Es posible, sobre todo si se crea una cultura de conexión entre los intereses de las personas y los de las empresas.

Ana Martínez Acedo es co-fundadora de Bluelook, coach profesional, formadora Corporativa y acompaña a conectar, expresar y desarrollar el potencial de las personas y equipos. Desde su experiencia, pone sobre mesa la dialéctica entre las consecuencias de dejar campar a sus anchas a la tecnología sin que haya, al menos al mismo nivel, un componente ético.

Esto es lo que nos plantea Ana:

Nos dirigimos hacia un mundo cada vez más automatizado e impersonal. La presencia de la robótica en nuestro modelo productivo es una realidad y, junto a la digitalización y la salud, está marcando las tendencias del futuro. A esto, hay que añadir la influencia de internet y de las redes sociales, en un mundo cada vez más globalizado.

En este contexto, cobra especial importancia la inversión de recursos en definir, por parte de cada organización, su ética empresarial, entendiendo por ética “todos aquellos valores, normas y principios que se reflejan en la cultura de la empresa”. Éstos valores son clave para compensar los desequilibrios que pueden surgir si ponemos el foco solamente en la innovación, las nuevas tecnologías y la preocupación de captación de talento asociado a estas nuevas tendencias.

Comportamiento, ética y responsabilidad empresarial

Son diversas las fuentes que nos indican que los consumidores valoran cada vez más el comportamiento empresarial antes de tomar sus decisiones de compra. Si un negocio quiere tener éxito a largo plazo no puede apostar únicamente por vender y generar ganancias, sino que necesita desarrollar una serie de principios fundamentales de la ética empresarial que le permitan conectar con las personas y aportar valor a la sociedad. Un ejemplo de esto lo vemos en cómo, hoy en día, se valora el que la empresa tenga un impacto positivo en su entorno; tanto en el más inmediato como en el más lejano.

La responsabilidad social, la transparencia, la honestidad, el desarrollo y cuidado del capital humano, el respeto por la vida familiar y la infancia o el cuidado del medio ambiente, son valores que deben permanecer en la esencia de las organizaciones. Son la brújula que nos va a indicar el camino a seguir y la guía en la toma de decisiones; tanto en tiempos de bonanza, como en tiempos de incertidumbre e inestabilidad.

Humanos o robots

Cuando buscamos un perfil profesional, además de poner el foco en la atracción del talento, en la cualificación profesional y en sus competencias blandas, no debemos olvidar su nivel de humanidad.

Perfiles de personas con altos estándares de ética y humanidad son y van a ser muy demandados en el futuro ya que estas cualidades, de momento, son las que nos diferencian de los robots y la toma de decisiones no puede estar sujeta sólo a algoritmos y a un incremento de beneficios basado en el agotamiento de los recursos.

Nos encontramos en la transición hacia un cambio de modelo; los retos que suponen el cambio climático, las pandemias, las desigualdades en la riqueza, entre otros, obligan a poner en valor y a ser conscientes de las cualidades positivas que nos diferencian de las máquinas y la tecnología.

Contar dentro de las organizaciones con un equipo ad hoc integrado por personas con un alto sentido de humanidad, que miren más allá de sus intereses individuales y personales, debería formar parte de la estrategia empresarial sin perder de vista la viabilidad del negocio, ya que contar con un equipo así es parte de la solución que nos llevará hacia un mundo más humanizado.


Ana Martínez Acedo

Coach y formadora corporativa. Co-fundadora de Bluelook

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