NIKE VALE 35 DÓLARES

Nike vale 35 dólares. Esa fue la remuneración que recibió la creadora de uno de los logos más reconocidos de la historia. Lógicamente, detrás hubo unas circunstancias determinadas que nos vienen muy bien para abrir una reflexión sobre el valor del trabajo de quienes nos dedicamos a cualquiera de las especialidades de la comunicación.

Nike vale 35 dólares. Bueno, esto no es cierto del todo. Según los datos de la consultora Brand Finance, en el primer trimestre de 2021, Nike es, por séptimo año seguido, líder absoluto de la clasificación de marcas textiles más valiosas del mundo, con unas cifras de casi 30,5 mil millones de dólares; doblando al segundo: Gucci y al tercero: Louis Vuitton (Fuente: Cinco Días).

En realidad, los 35 dólares fue la cantidad que, la compañía norteamericana de ropa deportiva, pagó a la diseñadora, Carolyn Davidson, en 1971, por el diseño del logo que hoy tan bien conocemos.

Carolyn Davidson, creadora del logo de NIke
Carolyn Davidson. Creadora del logo de Nike en 1971

Por terminar con el contexto, hay que decir que Nike nació en los años 60 (del siglo pasado), en la década de los 70 empezó a crecer y su gran expansión llegó a principios de los 80. En 1983, quizá llevados por un ataque de justicia reparadora, los directivos le regalaron a Davidson un anillo y acciones de la compañía. En 1985, Nike firmó el «contrato del siglo» con Michael Jordan y el resto ya es historia.

El valor del trabajo

Este ejemplo, aunque con todos los matices del mundo, es muy bueno para ayudarnos a poner sobre la mesa el eterno conflicto al que estamos sometidos quienes nos dedicamos a la comunicación, para poner en valor nuestro trabajo. Concretamente, hablamos del cálculo de la justa remuneración por la tarea que desempeñamos.

El primer problema lo encontramos cuando el principal activo de un proyecto es la creatividad; sea por diseñar un logo o una imagen corporativa; o por trazar un plan, de comunicación, por ejemplo.

¿Cómo lo cuantificamos? ¿Por horas? ¿Cómo convencemos a los clientes de que las musas de la inspiración no tienen un horario de trabajo de 9 a 5? ¿Cómo podemos argumentar que un plan de comunicación, o una campaña, o un rebranding, o una nueva web, pueden aportar tanto valor como comprar una máquina industrial?.

Y para nosotros ¿en qué nos basamos para hacer un presupuesto? ¿Otra vez en las dichosas horas? ¿En precios standard por servicio? ¿En precios de mercado?. Es complicado.

El reto de poner un precio al trabajo

Realidades y retos

Existen algunas realidades. La primera es que, ya seamos empresa o seamos autónomos, tenemos unos costes estructurales y laborales que debemos cubrir. Como cualquier empresa. Eso ya justifica unos mínimos básicos.

La segunda es que la experiencia y el nivel se cotizan. Estaremos de acuerdo que no es lo mismo contratar a una profesional con una trayectoria a sus espaldas que a otro que está empezando. La tercera es que, en ambos casos, siguen teniendo que cubrir costes; así que, como es normal, ni a ellos ni a los clientes se les pasará por la cabeza que vayan a trabajar gratis … ¿Verdad que no?

La cuarta realidad se mezcla con el primero de los retos: ¿y si empezamos a plantearnos que la comunicación es un activo? y, por ejemplo, pensamos que la creación y la comunicación de la imagen de la compañía es tan importante como la máquina que pega las suelas de las zapatillas?

Si nosotros conseguimos introducir en la relación con los clientes la pedagogía y el convencimiento de que somos un socio estratégico que venimos a aportar, no solo un activo, sino una mejora estructural; ellos, seguro que acaban entendiendo que la comunicación es una inversión, no un gasto.

Esto nos da pie al segundo reto: dimensionar. Es trabajo de las dos partes calcular la correcta dimensión del proyecto, de acuerdo a los recursos. Nosotros debemos tener presente que no podemos plantear a una empresa un proyecto de varios miles de euros, cuando sabemos que no los puede pagar. Mientras que las empresas deben tener claros sus límites y no pensar que pueden llevarse cosas «de gratis«.

Si conseguimos superar esto, habremos doblegado el tercer reto: que ambos seamos, a la hora de trabajar: un nosotros. Esto seguro que ayuda a calcular mejor el valor real del trabajo.

Estableciendo comunicación ...